En 1966 el escultor Pablo Hannemann tuvo la idea de crear la maqueta para una estatua que fuera un símbolo para la “Ciudad de los Niños”. En una reunión del Rotary Club se presentó la iniciativa, que encontró favorable acogida en esa entidad. No obstante, el autor enfrentó la imposibilidad de conseguir la financiación del proyecto.
En consecuencia decidió donar la obra a la Municipalidad. Sólo quedaban por costear ciertos trabajos de la construcción, así como reproducciones de la obra en cemento y la colocación de las piezas en su lugar.
Aceptan la donación. La donación fue aceptada por la Municipalidad, a cuyo frente se hallaba como intendente Felipe Amadeo Lastra, y más adelante por el gobierno de la provincia, dándose a conocer el siguiente decreto, que dice en su parte dispositiva:
“La Plata, 5 de julio de 1967.
Ordenanza para el Partido de General Alvarado.
Art. 10. - Acéptase la donación que efectuara el escultor Pablo Hannemann, consistente en la creación de un monumento a denominarse “Miramar, Ciudad de los Niños”, para ser emplazado en la Plaza Libertad.
La comisión de Promoción de Turismo de Miramar, en esos momentos autónoma, con un presupuesto pequeño proveniente de la Municipalidad tomó a su cargo la supervisión de la construcción del monumento. Gran parte de los gastos para mano de obra provino de un subsidio del Fondo Nacional de las Artes, por donaciones de amigos del escultor y por la colaboración de la empresa constructora Natalio Spina, que ejecutó la estructura en hormigón. La obra sigue la línea artística de todos los trabajos monumentales de este escultor, que trata de usar el hormigón y sus posibilidades con el deseo de armonizarlos con la arquitectura. El monumento a los niños, no obstante su estilización moderna, se inspira en el arte antiguo americano que ha usado la repetición de las figuras como medio de expresión artística.














