Confeccionan un árbol genealógico para dar con el asesino de una nena

Verónica Escudero, de once años, fue violada, golpeada y arrojada inconsciente a un río. La autopsia concluyó que murió por asfixia por inmersión. El crimen ocurrió el 11 de mayo en Tunuyán, Mendoza. Hay unos 50 sospechosos.

Casi todos los parientes varones de una numerosa familia de Tunuyán, en Mendoza, quedaron sospechados del crimen de Verónica Escudero, una nena de once años que fue violada, golpeada y tirada a un río aún con vida, donde murió ahogada. Dos tíos, un primo y otro joven fueron detenidos por el hecho, pero ya quedaron desvinculados. Sin embargo, de acuerdo a los resultados de un estudio de ADN, el asesino es de la rama paterna de la nena y por eso ahora la justicia confecciona un árbol genealógico en el que hay unos 50 sospechosos.
En una pequeña habitación de una casa convivían Verónica, sus padres y sus tres hermanitos menores. En otras dos habitaciones vivían dos de sus tíos y en una tercera, una tía paterna con su familia, también numerosa. En esa vivienda, enclavada en el Pasaje Italia, un callejón de tierra muy angosto en plena zona céntrica de Tunuyán, a 82 kilómetros de la capital provincial, lo único que sobraba era hacinamiento.
El último dato que se sabe de Verónica es que el viernes 11 de mayo se encontró alrededor de las 15 con un joven morocho y delgado, de unos 18 años aproximadamente, en la esquina de su casa. Se cree que lo conocía y habría ido al encuentro de manera consentida. “La niña engañó a su madre diciéndole que iba a lo de una vecinita pero nunca fue a esa casa”, explicó a Tiempo Argentino uno de los investigadores.
Después de hablar un rato, la nena se subió a la bicicleta del muchacho y desapareció. Dos horas después, un pescador que estaba en un sector muy caudaloso de una de las ramificaciones del río Tunuyán, detrás del anfiteatro municipal, encontró el cadáver de la nena flotando.
Unos 600 metros río arriba, los investigadores hallaron algunas prendas de la menor. El asesino y la víctima se habían trasladado casi un kilómetro y medio, desde donde fue vista por última vez. Allí, fue violada y golpeada hasta que perdió el conocimiento. Creyéndola muerta, el agresor la arrojó al agua aún con vida. Según la autopsia, Verónica murió por asfixia por inmersión.
Al ver que la niña no volvía a su casa, sus padres comenzaron a buscarla por todos lados hasta que alrededor de las 21:30, la policía les dio la peor noticia.
Apenas enterada del crimen de su hija, Alejandra García, apuntó a su cuñado Daniel Escudero. “Fue 'El Turela' –como le dicen al sospechoso– para vengarse de nosotros”, les dijo a los investigadores. El tío de la joven vivía en la misma casa de la nena y el 13 de marzo había sido denunciado por supuesto abuso sexual hacia Verónica. El hombre había estado cuatro días preso y luego fue liberado.
Con este antecedente, la policía fue a detener a El Turela. Cuando los agentes llegaron a la vivienda, se encontraron que su hijo, Daniel, de 26, y un amigo de este, José Funes, de 22, estaban embarrados. Sin más, los tres quedaron presos.
Algunas horas más tarde, Ramón Escudero, otro tío de Verónica, tuvo actitudes que le resultaron sospechosas a la familia y la policía: en pleno funeral de la nena el hombre, algo alcoholizado, estalló en llanto y se aferró al cajón. Como no quería separarse del cuerpo de su sobrinita, hubo una fuerte discusión y hasta se peleó con otros familiares. Ramón también fue detenido.
El testigo más importante que tiene la causa es el vecino que vio a la niña por última vez, quien conoce a los imputados pero no los reconoció ante los investigadores. Sólo restaba conocer los resultados de los cotejos de ADN con los fluidos que los forenses hallaron en el cuerpo de la víctima para establecer si alguno de los detenidos había sido el criminal. 
“Los análisis estuvieron recién a los dos meses, algo inédito en una causa que causó tanta conmoción”, indicó Lucio Chávez, abogado de tres de los imputados.
Los resultados se conocieron recién el 2 de julio y si bien dieron negativo respecto a los detenidos, revelaron que el patrón genético del asesino coincidía con el de la familia paterna de Verónica. Tres de los sospechosos fueron liberados, menos Daniel Escudero (ver aparte).
Con esa certeza, el juez de Instrucción de Tunuyán, Oscar Balmes, se reunió con el padre de la nena, Ricardo Escudero, con quien comenzaron a diagramar un amplio árbol genealógico que incluiría a más de 50 varones, entre hermanos y sobrinos, que se podría ampliar ya que habría hijos no reconocidos de algunos tíos de la víctima. (Infonews).

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